Religioso y místico italiano, fundador de la orden franciscana. Casi sin proponérselo lideró San Francisco un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad, tuvo un inmenso eco entre las clases populares e hizo de él una veneradísima personalidad en la Edad Media. La sencillez y humildad del pobrecito de Asís, sin embargo, acabó trascendiendo su época para erigirse en un modelo atemporal, y su figura es valorada, más allá incluso de las propias creencias, como una de las más altas manifestaciones de la espiritualidad cristiana.
Las obras de San Francisco de Asís documentan, no la vida del santo, sino el espíritu y el ideal franciscanos. Gran parte de estos escritos se ha perdido, entre ellos muchas epístolas y la primera de las tres reglas de la orden franciscana (compuesta en 1209 o 1210), que recibió la aprobación oral de Inocencio III.
Sí que se conserva la llamada Regla I (en
realidad segunda), compuesta en 1221 con la colaboración, por lo que
hace referencia a los textos bíblicos, de Fray Cesario de Spira. Esta
regla (llamada no sellada porque no fue aprobada con el sello
papal) consta de veintitrés capítulos, de los cuales el último es una
plegaria de acción de gracias y de súplica al Señor, y reúne las normas,
amonestaciones y exhortaciones que San Francisco dirigía a sus
cofrades, las más veces en ocasión de los capítulos de la orden.
La Regla II, en realidad tercera (y llamada sellada,
puesto que recibió la aprobación pontificia el 29 de noviembre de
1223), consta de sólo doce capítulos y no es más que una repetición más
concisa y ordenada de la precedente, respecto a la cual no presenta
(como algunos investigadores han querido afirmar) novedades
sustanciales. Es la que continúa en vigor en la orden franciscana. En el
Testamento, escrito en vísperas de su muerte e impuesto como
parte integrante de la regla, San Francisco lega a sus compañeros de
orden, como el mayor tesoro espiritual, a madonna Pobreza.
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