jueves, 21 de mayo de 2015

Parábola del Hijo Pródigo - Laura Maleno


   Jesús mediante las parábolas queria enseñar y dar lecciones de vida al ser humano, una de las más importantes es la del 'Hijo Pródigo' (Lucas 15: 11-32) que se narra a continuacíon:

  Y Jesús dijo: Cierto hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos le dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió sus bienes. No muchos días después, el hijo menor juntándolo todo, partió a un país lejano, y allí malgastó su hacienda viviendo perdidamente.  Cuando lo había gastado todo, vino una gran hambre en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.  Entonces fue y se acercó a uno de los ciudadanos de aquel país, y él lo mandó a sus campos a apacentar cerdos.  Y deseaba llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.  Entonces, volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aquí perezco de hambre!  “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;  ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores.’” Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó Y el hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo.”  Pero el padre dijo a sus siervos: “Pronto; traed la mejor ropa y vestidlo, y poned un anillo en su mano y sandalias en los pies;  y traed el becerro engordado, matadlo, y comamos y regocijémonos;  porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron a regocijarse.  Y su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acercó a la casa, oyó música y danzas. Y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era todo aquello. Y él le dijo: “Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro engordado porque lo ha recibido sano y salvo.”  Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba que entrara.  Pero respondiendo él, le dijo al padre: “Mira, por tantos años te he servido y nunca he desobedecido ninguna orden tuya, y sin embargo, nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos;  pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, mataste para él el becerro engordado.”  Y él le dijo: “Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo.  “Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque éste, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.”

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